Jesús como culmen de la ley y Adán cósmico (imagen de Dios)

El himno que encontramos en Col 1, 15-20 es ilustrativo de la imagen de Jesús como fin y culmen de la Ley. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.  Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia; y Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía. Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos. En este himno, y fijémonos particularmente en las preposiciones, Jesús se establece como finalidad de toda la creación en cuanto ésta es reconciliada en él. Y lo que es cierto en relación a la creación, cuanto más en relación al hombre (Col 1,22). En este esquema uno de los fundamentos se encuentra en la primera frase de este himno: Jesús es la imagen del Dios invisible (ὅς ἐστιν εἰκὼν τοῦ θεοῦ τοῦ ἀοράτου) (1,15). Que Jesús sea imagen de Dios lo pone en una posición privilegiada en relación al hombre y a la creación. Esto nos lleva a un Cristo cuya naturaleza adámica es cósmica y está en el principio de los tiempos. Ya en 1Cor 15, 46 se nos había dicho que, desde el punto de vista temporal del hombre, el Adán espiritual viene después del hombre físico o Adán. Sin embargo, el verdadero Adán es el último, esto es Cristo. Y es que el primer Adán no era sino  figura del que había de venir, Cristo (Rom 5,14) quien es imagen de Dios (2Cor 4,4) y tipo de la nueva creación (Rom 8,29; 1Cor 15,49; 2Cor 3,18). En otras palabras, Cristo es la imagen de Dios y Adán fue creado a imagen de Dios. El hombre que cree en Cristo se viste nada más ni nada menos que de la imagen de Dios en Cristo, y adquiere este conocimiento verdadero (3,10).

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